«Con sigilo sabré deslizarme».
                        (Walt Whitman)

Hoy has llegado
como el tren de medianoche.

La miras, y respiras del aire
que encierra su secreto.

Su horizonte es la noche
y el tuyo la luz del día.

Ya no te quedan palabras para ella
y pronto pasa el momento del obsequio,
de la dulce obligación.

Te exilias de su cuarto.

La quieres pero no la quieres.
El amor también se cansa.

Los cubiertos tañen melodías cotidianas
mientras ella se queda tras el visillo de la vida,
como sombra recostada en la pradera.

Como árbol seco que no echará raíces.

Ya sus manos están vacías, y se prepara
                                                            [para el viaje sin ti
Cuando vuelvas, quizá
tus besos rocen sus mejillas
o sus labios, como un gesto
de último homenaje.

Luego, tu boca estará cerrada de ella,
y ya no le guardarás ausencia.
© De Pilar Fernández Bravo


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